26 septiembre 2005
25 septiembre 2005
Cambio de cuerpo
Fanshawe no se siente identificado con su cuerpo.
Yo no me sentía identificada con este cuerpo cibernáutico que es mi blog, así que lo he remodelado.
Ojalá fuera tan fácil hacer lo mismo con el otro cuerpo...
Yo no me sentía identificada con este cuerpo cibernáutico que es mi blog, así que lo he remodelado.
Ojalá fuera tan fácil hacer lo mismo con el otro cuerpo...
21 septiembre 2005
Hablar a las paredes
¿Las paredes hablarán alemán o español?
Lo cierto es que no se dejan abrazar.
De todas formas, están frías...
Lo cierto es que no se dejan abrazar.
De todas formas, están frías...
19 septiembre 2005
18 septiembre 2005
08 septiembre 2005
Escaping free-energy minima
Hay veces en que te sientes atrapado por tus circunstancias.
A veces parece imposible escapar, pero siempre se puede.
Es algo que he aprendido hoy del maravilloso mundo
de la Dinámica Molecular:
siempre nos quedará la Metadinámica.
Es algo muy simple:
cuando estás en el fondo de un pozo,
llenas el pozo hasta que sales a la superficie.
A veces parece imposible escapar, pero siempre se puede.
Es algo que he aprendido hoy del maravilloso mundo
de la Dinámica Molecular:
siempre nos quedará la Metadinámica.
Es algo muy simple:
cuando estás en el fondo de un pozo,
llenas el pozo hasta que sales a la superficie.
07 septiembre 2005
06 septiembre 2005
05 septiembre 2005
01 septiembre 2005
Costra
Es una pena lo que le está ocurriendo a la gente en New Orleans.
Claro que luego sigo leyendo el periódico y me acuerdo de la situación en Irak y de que no firman el protocolo de Kyoto, y parece como si en cierto modo se me aliviara la lástima.
No sé, quizás es que estoy criando costra.
Claro que luego sigo leyendo el periódico y me acuerdo de la situación en Irak y de que no firman el protocolo de Kyoto, y parece como si en cierto modo se me aliviara la lástima.
No sé, quizás es que estoy criando costra.
Reencuentros
Odio los reencuentros.
No me malinterpretéis, no siempre.
Pero sí casi siempre.
Odio la vuelta del verano o de las navidades, cuando todo el mundo te pregunta "¿Qué tal? ¿Cómo fue?" y acabas memorizando una frase breve del tipo "Bien, estuve de viaje por el norte unos días", que sueltas cada cinco minutos según te vas tropezando con la gente del trabajo por el pasillo, mientras piensas "Cabrón, tú que eres funcionario te fuiste el mes entero" o bien "¿Y a ti qué cojones te importa?". O peor, cuando tienes que escuchar (o hacer como que escuchas) montones de relatos de vacaciones que no te interesan lo más mínimo. Es que odio las conversaciones "de compromiso", odio dar más información de la que me apetece.
Sí me gusta, en cambio, volver a ver a mis compañeros, los cercanos, y pasarnos buena parte de la primera mañana contándonos mutuamente batallitas de las vacaciones, y comentar el grado de moreno que hemos alcanzado, o lo largo que nos ha crecido el pelo, cosas así.
Me emocionan los reencuentros con mis amigos, especialmente tras una separación muy larga.
En estos casos, detesto verme obligada a resumir mis últimos nueve meses de vida a un relato de cinco minutos, especialmente porque no sé qué contar. Mis amigos saben esto y lo respetan. Prefiero dejar que las historias vayan surgiendo naturalmente en la conversación, poco a poco y en el momento oportuno.
Me encantan los reencuentros con mis amigos de verdad, tras una separación muy larga, cuando volvemos a estar frente a frente y sentimos que no importa que hayan pasado seis o doce meses, porque nada ha cambiado, porque nuestra relación es atemporal.
Y luego están mis reencuentros preferidos, que normalmente ocurren cada dos fines de semana y en un ambiente mucho más íntimo...
No me malinterpretéis, no siempre.
Pero sí casi siempre.
Odio la vuelta del verano o de las navidades, cuando todo el mundo te pregunta "¿Qué tal? ¿Cómo fue?" y acabas memorizando una frase breve del tipo "Bien, estuve de viaje por el norte unos días", que sueltas cada cinco minutos según te vas tropezando con la gente del trabajo por el pasillo, mientras piensas "Cabrón, tú que eres funcionario te fuiste el mes entero" o bien "¿Y a ti qué cojones te importa?". O peor, cuando tienes que escuchar (o hacer como que escuchas) montones de relatos de vacaciones que no te interesan lo más mínimo. Es que odio las conversaciones "de compromiso", odio dar más información de la que me apetece.
Sí me gusta, en cambio, volver a ver a mis compañeros, los cercanos, y pasarnos buena parte de la primera mañana contándonos mutuamente batallitas de las vacaciones, y comentar el grado de moreno que hemos alcanzado, o lo largo que nos ha crecido el pelo, cosas así.
Me emocionan los reencuentros con mis amigos, especialmente tras una separación muy larga.
En estos casos, detesto verme obligada a resumir mis últimos nueve meses de vida a un relato de cinco minutos, especialmente porque no sé qué contar. Mis amigos saben esto y lo respetan. Prefiero dejar que las historias vayan surgiendo naturalmente en la conversación, poco a poco y en el momento oportuno.
Me encantan los reencuentros con mis amigos de verdad, tras una separación muy larga, cuando volvemos a estar frente a frente y sentimos que no importa que hayan pasado seis o doce meses, porque nada ha cambiado, porque nuestra relación es atemporal.
Y luego están mis reencuentros preferidos, que normalmente ocurren cada dos fines de semana y en un ambiente mucho más íntimo...










